LA CAPITAL. Por más militancia perredista que exista en la Ciudad de México, no necesariamente es una buena noticia la abrumadora y contundente victoria del sol azteca. La pérdida de equilibrios puede ser un factor que produzca un efecto singular entre los gobiernos perredistas. En sentido estricto y amplio se van a mover como les venga en gana, sin que de por medio pueda abrirse paso a observaciones y críticas. Van a seguir mandando a su antojo y a partir diciembre van a tener todavía más motivos para ello. Si no son capaces de verse en el espejo y de entender que el significado que tiene el voto, en pocos años los ciudadanos así como los hicimos llegar los vamos a echar. Lo del PAN es una clara prueba de lo que el voto puede hacer. Hace doce años todo era felicidad y futuro, hoy todo es decepción y una “derrota mayúscula”. Ebrard es uno de los ganadores del domingo. Estaba para ganar la elección presidencial y se hizo a un lado. Hoy ya sabe que para ello se requiere de tiempo y sino lo cree, que le pregunte a Fox y a Peña Nieto.








