La reforma laboral tuvo un desenlace inesperado. El PRI ya no pudo frenar la insospechada alianza entre PAN y PRD en el Senado para que los términos de la reforma sobre transparencia sindical fueran modificados. El cambio es importante y el hecho colocó al PRI en una escenario que —visto desde fuera— parece adverso.
Eso aparece en el papel; sin embargo, da la impresión que el PRI lo tenía previsto. Para aprobar la reforma en lo general se requería de algunos amarres previos y es probable que desde el principio el tricolor hayan contemplado lo que podía venir, sin dejar de reconocer que el voto del PANAL, el de la hija de Elba Esther —recientemente reelegida seis años al frente del SNTE—, daría la puntilla a las pretensiones del PRI. Es difícil ver este voto como parte de la convicción por la transparencia sindical cuando en el SNTE las puertas están cerradas; no hay otra que pensar que hay plan con maña y será cuestión de tiempo para que sepamos de qué se trata esto.
Como sea, lo que pasó el miércoles obliga a regresar la propuesta a Diputados y si ahí el PRI la aprueba o la deja pasar —como estamos ciertos a estas alturas lo debe hacer— la reforma será firmada por el presidente y tendremos por fin nuevas disposiciones laborales después de casi 40 años de no hacerlo; es un paso.








