Trump está contra las cuerdas, y estamos en su mira

A Donald Trump se le está cayendo la Casa Blanca y no se da cuenta o supone que todo se va a terminar por resolver porque lo que hay de fondo es, según él, una especie de complot en su contra.

Está pagando su prepotencia, improvisación e ignorancia. A estas alturas ya se habrá percatado de que ser presidente no es una tarea nada sencilla, y más serlo de Estados Unidos.

Los votos dan el triunfo, pero no dan la gobernabilidad. Trump sigue sin entender que por más que haya ganado también perdió.

Hillary Clinton obtuvo dos millones de votos más que él, pero el singular sistema electoral estadounidense dio la victoria al magnate-presidente de la todavía nación más poderosa del planeta.

Lo paradójico que podría vivir Estados Unidos es que un presidente con perfil definitivamente empresarial termine por ser el responsable de que el país deje de tener su estratégico liderazgo en el mundo.

Quizá esta semana sea una de las más difíciles desde que tomó posesión. Su hijo político, su jefe de campaña y él mismo van a tener que comparecer ante diversas instancias, tanto judiciales como legislativas.

Las presuntas irregularidades en su campaña electoral lo tienen cercado. La razón estriba en que simple y sencillamente no ha sido claro porque quizá no pueda serlo. No hay día en que no surja “un algo” que venga a cuestionar la elección y el papel que pudo desempeñar Rusia en el proceso electoral.

Todo juega contra Trump. No es casual que el Kremlin haya adoptado ayer la resolución de dar por terminada la gestión de su embajador en Estados Unidos, el cual había sido señalado por reunirse, en tiempos de campaña y antes de ella, con cercanos a Trump.

La salida de Serguéi Kislyak puede ser considerada como una decisión tardía, sin embargo, desde donde se vea, era algo esperado y una suerte de control de daños. Kislyak es una de la caras rusas más visibles en el escándalo en que está metido el mandatario. Los contactos del ahora exembajador están siendo analizados por el Congreso y el fiscal especial del caso designado por el Departamento de Justicia, Robert Mueller.

A todo lo que está pasando se suma la llegada de la terca realidad. La encuesta más reciente sobre los niveles de popularidad del presidente estadounidense son, a decir de algunos observadores, “preocupantes”. El 39 % de aceptación para el tiempo que lleva en la Casa Blanca es inédito, teniendo como referencia los muchos años de estas mediciones.

Trump señala regularmente al entorno y rara vez se ve a sí mismo. Cuando un integrante de su equipo manifiesta algún tipo de crítica u opinión que pudiera ser diferente a la del mandatario, es despedido de inmediato, y en el mejor de los casos públicamente regañado. Sean Spencer, quien era hasta hace algunos días su vocero, renunció por diferencias con el mandatario.

Nuestro país se la ha pasado en el radar de Trump aunque a veces parezca que no lo estamos. Aparecemos sobre todo cuando se trata de acercarse a sus votantes, quienes encontraron en sus propuestas y denostaciones a México elementos de empatía e identidad: recordemos el muro fronterizo, la migración y el TLC.

Por lo pronto sus baterías hacia nuestro país están enfocadas hacia la renegociación del TLC. Hay que esperar no solo una renegociación y una discusión técnica, también tendrá su componente mediático y para ello está visto que se pinta solo con sus tuits.

El presidente de Estados Unidos puede entrar en la desesperación. Los escenarios le están siendo en lo general adversos y nos puede colocar como una de sus salidas fáciles y a la mano.

Va a empezar a jugar en lo interno. Es el TLC y necesita nuevas salidas porque se encuentra cerca de estar contra las cuerdas.

RESQUICIOS

Al final Javier Duarte se va a quedar tras las rejas. Lo contrario hubiera sido brutal, con severas consecuencias para todos. No se trataba de meterlo a la cárcel para quedar bien con la tribuna, lo que pasa es que las evidencias lo arrollan.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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