Aída Román y Mariana Avitia nos hicieron ver lo apasionante que puede ser una disciplina deportiva tan ajena para la mayoría de nosotros. Aída llegó a la muerte súbita teniendo enfrente a una adversaria con mirada y actitud de derrota, no quería ni ver, pero resulta que el ocho de Aída no fue igual al ocho de la surcoreana. Los rostros de nuestros deportistas son los que nos hacen vislumbrar la posibilidad de medallas. Aída y Mariana estaban felices antes de que llegaran la plata y el bronce. En otro escenario apareció sin reflectores Lino Montes y su meritorio sexto lugar en levantamiento de pesas. El yucateco dice que a lo largo de su corta vida hacía lo que le pedían con tal de ganarse una “lana”, se le aparecieron las pesas y que le cambia la vida. Lino no deja de sonreír y ya es presente y futuro. En el bádminton, chinas, surcoreanas e indonesias jugaron a no jugar, querían evitar rivales fuertes en la siguiente ronda y se dedicaron a pasarse penosamente el “gallito”. Los silbidos fueron la señal de alerta, obvio las echaron. En su defensa Yu de China dijo: “¿Por qué tendríamos que gastar energía si estábamos calificadas?”, en tanto que Sebastian Coe que se nos enoja: “es deprimente, ¿quién quiere pagar por ver algo así?”. Al final todos vieron al presidente de los Juegos con cara de ‘¿y por qué no se llenan los estadios en Londres sino todos se pasan el “gallito como en el “Wembley Arena”?’.
- Entérese vía e-mail
- Lo más reciente
-
- Facebook
- Los periódicos que leo











