Es probable que la afamada profesora vea venir algo. Sin que mediara algo de por medio, el fin de semana en Nuevo León mandó un mensaje de innumerables interpretaciones: “me siento cansada y deseo salir por la puerta de la sala, no de la cocina”. Ayer como que se arrepintió y entre que no supo leer una cifra y que se la pasó elogiando a Calderón, dijo que no se retiraba.
Elba Esther Gordillo sabe que pronto la va alcanzar su inevitable futuro. Llegue quien llegue, el primero de diciembre, incluyendo a Peña Nieto, deberá de tomar decisiones sobre este asunto. La cuestión ya no está en el valor de cambio bajo el cual se mueve y negocia con el que se le pone enfrente, sino que existe una demanda social cada vez más intensa de hacer cambios profundos en la educación, ante lo cual la profesora se ha convertido en un dique para la urgente transformación educativa.
Si Peña Nieto termina por ser presidente, está obligado a poner un alto y eso lo sabe la profesora. Elba Esther puede ser la pieza de cambio ante la sociedad que necesita el priista y la maestra sabe lo que significa y lo que puede significar, pero sobre todo sabe lo que políticamente puede significar para un presidente deshacerse de ella. No es casual que por primera vez en mucho tiempo está hablando de salir “por la sala”.








