La historias detrás de cada atleta es de novela. Como suele suceder solo vemos a los que se cuelgan las medallas, los que no llegan desparecen. No sabemos qué piensan, cómo se regresaron a casa y cómo pasaron la noche después de su competencia. Yahel Castillo en menos de seis clavados pasó de la gloria al olvido y a uno que otro reclamo. Los deportistas saben que este es su sino, si ganan “doña tele” y la parafernalia se encargan de ellos pero sino llegan son objeto de uso efímero.
Daniel Corral compitió en gimnasia. Que sepamos no es una disciplina en la cual tengamos atletas de alto nivel; sin embargo por ahí apareció Daniel y se llevó un muy meritorio quinto lugar que es futuro puro. ¿Se imagina una medalla en gimnasia? Suena extraño pero por ahí anda Daniel tras ella.
Pablo Michán también se llevó otro quinto lugar, en este caso en equitación. La historia de los caballistas mexicanos es rica y dramática. Han estado cerca pero desde los tiempos de Maríles no se han logrado reacomodar. Para Michán es un triunfo porque en ello va su lana, su caballo y su sacrificio; el quinto lugar le supo a medalla.
Lo que vemos es inevitablemente el pódium pero lo que no pasa por ahí también existe, estar en los ocho o diez primeros no da reflectores aunque la diferencia entre el pódium y entre los que les siguen sea materialmente nada; es el signo del deporte, es la diferencia entre los que llegan y los que se quedan cerca, pero sería injusto, por decir lo menos, no voltearlos a ver.








