La maleta del cine: Argentina

Un viaje alrededor del mundo, a través de las imágenes y los sonidos del cine…

aura1El aura (2006)

Fabián Bielinsky

 

Por Javier Solórzano Casarin

 

La Patagonia es como otro continente. No solo es una extensión de tierra de un tamaño inimaginable, sino que también está configurada por una variedad de ecosistemas como en pocos lugares del mundo. Hay glaciares, desiertos, bosques y una abundancia de flora y fauna a tal grado, que uno se sorprendería al saber que es solo una parte del país Argentino. Para muchos investigadores y novelistas ha sido imaginarse como si fuera el fin del mundo, una sinuosidad gigante deambulando en los sueños de los mortales, una esfera mítica que resguarda un sinfín de atmosferas y latitudes.

Un destino afamado por sus actividades turísticas y recreacionales, irresistible para viajeros y aventureros. Miles de personas la han visitado y se ha convertido en el sujeto de cientos de libros de ficción, naturaleza, ecología, poesía, geología, entre otros.

Fabián Bielinsky fue un cineasta Argentino, dotado con una intensa sensibilidad y una maestría para la narrativa cinematográfica, que lamentablemente falleció a los 47 años de un ataque al corazón, justo después de hacer su segunda película.

Esa película fue “El Aura” y la locación que eligió para realizarla fue la Patagonia.

Lo trágico, aparte de la pérdida personal para amigos y familiares, fue que como público perdimos la invaluable oportunidad de disfrutar de sus futuros proyectos y de todas aquellas historias que nos podría haber ofrecido en lo que hubiera sido seguramente una extraordinaria carrera.

En “El Aura”, su protagonista (el maravilloso Ricardo Darín) es un taxidermista que sufre de epilepsia. La soledad es su única real compañía y su mente está llena de posibles asaltos perfectos. Se ha dedicado gran parte de los últimos años a imaginarse cómo cometer robos donde cada pequeño pormenor está contemplado. Basándose en su minuciosa atención por el detalle y su impecable memoria, nuestro protagonista está seguro que si él lo deseara, podría cometer el crimen perfecto. Es entonces que decide dejar la seguridad y familiaridad de la ciudad de Buenos Aires para acompañar a un colega a los bosques de Bariloche. La excusa es ir a cazar pero lo que en verdad desea es romper con la fastidiosa monotonía. La relación alfa macho entre el taxidermista y su acompañante nos representa claramente que la mera actividad del cazar es una medida de su virilidad y una reafirmación de sus instintos más básicos. Un tema recurrente que define las reflexiones existenciales de la historia.

Adentrados en las regiones boscosas, se separan y el taxidermista sufre un ataque epiléptico. Bielinsky no solo filma esto de una manera que yo nunca había visto antes, sino que también logra utilizarlo como un recurso narrativo que a través de una paleta inquietante de emplazamientos de cámara, del diseño sonoro y de la música original, nos evoca en niveles estremecedores, la realidad transitoria que afecta a nuestro personaje en este momento fatídico.

Es un hombre muy peculiar, varado en el mundo dentro de un aislamiento desolador. Su condición médica y su extraño deseo por pertenecer al seductor mundo criminal reafirman su idiosincrasia.

De la mano de un accidente fatal, el taxidermista hace un descubrimiento que lo conduce a jugar el rol que siempre ha soñado… el de un criminal de carrera.

Esta nueva realidad, impresionante sin duda, comienza por fascinarlo. Contradice el vacío que ha sentido la gran parte de su vida, lo hace sentir relevante e urgente en las sensaciones más poderosas del ser humano. No pasa mucho tiempo para que comprenda que el peligro y la muerte son tan palpables como su respiración errante, pero la fascinación permanece.

“El Aura” es uno de los mejores thrillers que he visto en los últimos veinte años. La factura técnica es formidable. La fotografía de Checco Varese encuadra perfectamente la tensión en la belleza de los paisajes y en la sordidez de los acercamientos. La banda sonora de Lucio Godoy (Los Otros) tiene un cadencia instrumental que fluctúa entre la dualidad de la melancolía y el aliento estremecedor de las notas musicales.

El punto más alto de la cima de esta puesta en escena, es la segunda y última colaboración de Fabián Bielinsky y Ricardo Darín – uno de los mejores actores del mundo – y el centro moral, tan abstracto como lo fue el Señor Meursault en “El Extranjero” de Albert Camus. Es el quien vocaliza lo más primitivo de la naturaleza humana, el apetito de ceder a nuestras desinhibiciones más básicas. En este caso a la adrenalina de sostener un arma y vivir en el filo de la oscuridad. Vivir en la piel de un depredador… de un animal cuya motivación es el juego de la cacería.
La visión de Bielinsky fue adelantada a su época, que mejor lugar que el de la Patagonia para contar su historia.

Posted on by Javier Solórzano in La maleta de cine Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
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