Nadie puede poner cara de sorpresa ante la fuga de más de 30 reos en medio del enfrentamiento entre “Golfos” y “Zetas” en el penal de Apodaca, NL. La muerte de 44 reos se debió al enfrentamiento entre miembros de dos carteles que luchan por la hegemonía dentro y fuera del penal. La confrontación era un “distractor” de parte de los “Zetas” para la fuga. Una acción de esta naturaleza no se puede llevar a efecto sin la cadena de complicidad y corrupción que impera en las cárceles.
Se confirma que no sirve mucho meter a quienes violan la ley a la cárcel. Si son pesos pesados pueden salir más fácilmente de lo que entraron, y si no lo son se la pasarán detenidos por tiempo indefinido aprendiendo todo lo que no sabían y pronto entenderán y pondrán en práctica sus “enseñanzas”. La fuga era algo que se veía venir. Familiares y amigos lo habían alertado, era un secreto a voces. Lo que terminó pasando confirma que si alguien sabía lo que iba a pasar eran las autoridades.
No se puede solo responsabilizar a los gobiernos estatales porque la gran mayoría de los muertos y fugados eran presos del orden federal. ¿Cómo es posible que un líder de los “Zetas” esté en Apodaca y no en un penal de alta seguridad? Fue un enfrentamiento con 44 muertos y más de 30 fugados más que anunciado.








