La derrota no nada sola. En el PAN andan de la greña como en pocas ocasiones. No están en la confrontación de ideas, en lo que están es en la lucha por controlar el partido. Felipe Calderón, en su larga ceremonia del adiós por el extranjero, aseguró que “algunos panistas” le pidieron que “ayudara” a Josefina Vázquez Mota. Gustavo Madero, presidente del PAN –quien no lleva precisamente una buena relación con Calderón– respondió que no sabe nada de esto y que lo que debiera hacer el presidente es dar nombres de los que solicitaron lo que solicitaron.
Todavía no acababa este sainete cuando surgió otro. Javier Corral, senador panista y un emblemático defensor de un cambio en los medios de comunicación, le envió una carta al presidente diciéndole “cobarde y colérico”. Corral en la misiva hace una reflexión de lo que ha sido su administración advirtiéndole de sus fracasos. La carta es una respuesta a lo que dijo el presidente en la reunión del 28 de agosto con senadores panistas a la que Corral no asistió y en la cual Calderón por este motivo lo llamó “cobarde”.
Si algo ha distinguido a los panistas a lo largo de su historia ha sido la forma en que resuelven sus problemas. Se ve que la derrota los tiene enfrentados, enojados y además fuera de sí, perdiendo lo que tanto presumen, la compostura.








