Este es un caso de muchos que se viven en el país. El 17 de septiembre, el empresario de Ciudad Juárez, Eligio Ibarra Amador denunció que fue torturado, golpeado y obligado a entregar 3 mil dólares para no ser acusado por policías federales del delito de posesión de drogas y armas. Narró en su testimonio que los policías llegaron a su casa y se lo llevaron tapándole la cabeza. Fue liberado cuando accedido a darles el dinero. Días después presentó una demanda y con su testimonio y de otras personas se dictó formal prisión a estos individuos a los que llamamos policías.
Todo es un río revuelto. La agente del MP, Elizabeth Herrera, quien consignó a los policías, hizo públicas las amenazas de delegado de la PGR de Chihuahua, Augusto Peniche, pero se mantuvo firme. El viernes Eligio fue encontrado muerto en su casa donde fue atacado a cuchilladas y su cuerpo quemado. Había regresado a Ciudad Juárez, donde vivía, para ratificar sus denuncias lo que llevaría al juez, se supone, a que dictara sentencia en contra de los policías.
El asesinato de Eligio es de mensajes múltiples. Lo mataron para que no declarara y para que sepan quienes valientemente están dispuestos a denunciar este tipo de hechos lo que les puede pasar. Es de nuevo un revés para todos menos para la impunidad y la corrupción.
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