Nuestros clavadistas, ellas y ellos, hace buen rato están entre los mejores del mundo. Por alguna razón que quizá tiene que ver con nuestra fisonomía, las y los clavadistas son cada vez mejores y cada vez son más. La plata de ayer de Germán Sánchez e Iván García es un asunto de presente, pero también de futuro. Son dos jóvenes menores de 20 años con cara de adolescentes que cada vez que están en la plataforma de 10 metros ponen cara de seriedad, pero no pueden evitar su sentido de la diversión y juego por lo que hacen; no le sufren más bien gozan, y mucho, lo que hacen.
A la vista de todos está su serenidad, desfachatez, convicción y seguridad. Eso del miedo por ganar no les aparece ni por asomo en sus también muy bien trabajadas cabezas. Los chinos por lo pronto ya saben que se les ha aparecido formalmente un rival de peso que tarde que temprano les puede vencer.
La plata llega en buen momento pero más vale que no nos hagamos muchas ilusiones. Estaba en el presupuesto que “algo” pasara en una disciplina en la que el país es potencia. Lo que viene quizá no sea tan alentador.
La plata de Germán e Iván permite respirar a la delegación ante la impaciencia de los singulares críticos del deporte que se andan paseando por los medios. Los clavadistas tienen mucho que ver con el país que aspiramos construir y ver diferente. Son el futuro si nos atenemos a su edad, pero ayer ya se vio que en eso de echarse clavados son “el” presente.








