Es inminente, sino es que ya se conoce: el TEPJF ya tiene su fallo sobre las impugnaciones del PRD sobre las elecciones. Ha circulado que se le va a dar el aval al proceso y que no proceden las impugnaciones. Habrá críticas y manifestaciones y ya veremos hasta dónde llegan, sobre todo por lo que hace algunas semanas llamaron “estallido social”, en caso de que no se anulara la elección o no se pospusiera la calificación -al final ni lo uno ni lo otro-. Las inconformidades tuvieron un gran problema, eran imprecisas en nombres, datos y lugares en la mayoría de los casos.
Los errores llevaron a que los magistrados pudieran interpretar de diversas formas los contenidos ante lo cual algunos de ellos optaron por pasarlos de largo, no tenían cómo tomarlos en cuenta. A esto se sumó lo que los magistrados llamaron “complejidad” debido a que estaban aplicando por primera vez las nuevas leyes electorales aprobadas por los partidos políticos.
Sin embargo, no por todo esto se debe concluir ante el probable fallo que la elección haya sido limpia y menos equitativa. Más bien el problema radica en que estamos ante situaciones que no se han podido comprobar por la gran ingeniería que echaron a andar unos, la incapacidad de los otros para probarlo y porque las leyes siempre aparecen un paso atrás.









Parece ser que los Magistrados del TEPJF dejaron de atender la leyenda escrita en la pared de dicho edificio que dice “Que todo aquel que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el arbitrario”, por que en esta ocasion no ampararon al pueblo de México contra el arbitrario, que desdicha.