¿Ciudad Juárez en Acapulco?

Acapulco es una constante en materia de inseguridad, es el referente para hablar del tema en el país. Si bien tiene que ver con la irrupción brutal de la delincuencia organizada, también tiene que ver con lo que los turistas hemos dejado de hacer y hacemos cada vez que vistamos el puerto y con lo que las y los acapulqueños han permitido.

No hay presidente municipal de Acapulco que no termine por solicitar o rogar por ayuda del gobierno federal. Evodio Velázquez pidió para Acapulco un plan similar al de Ciudad Juárez.

El modelo que se desarrolló en la ciudad fronteriza tiene más que ver con la acción ciudadana que con la acción de gobierno. Diferentes sectores de Juárez diseñaron una estrategia que si en algo tuvo coincidencias fue en tomar distancia, por lo menos al inicio, del gobierno municipal, estatal y federal.

Si algo querían los juarenses era no tener que ver con los gobiernos porque estos eran, no es que ya no lo sean, parte del andamiaje que le permiten a la delincuencia organizada existir y desplegarse.

El diagnóstico fue preciso. Los problemas tenían que ver con la desigualdad social y economía, la corrupción, el narcotráfico, la trata de personas, feminicidios y la descomposición social lo que incluye a la migración la cual es lamentablemente y dolosamente utilizada.

Al final todo se remite a la acción e inacción de las autoridades y a su relación con la delincuencia organizada. En algún sentido todo empezaba y terminaba en esta ecuación. La cuestión era, en algún sentido sigue siéndolo, en cómo romper esta relación en que la autoridad y la delincuencia eran lo mismo, como en Acapulco.

Los juarenses organizados en la “Mesa Ciudadana”, sabían en su claro y bien estructurado diagnóstico, que su trato con la autoridad debía ser cuidadoso y discreto porque todo lo que pasaba por ella muy probablemente llegaría rápido y en línea directa a la delincuencia organizada.
Cuando fue enviado el Ejército a Juárez fue severamente señalado y criticado siendo centro de denuncias. A los soldados los lanzaron a la ciudad sin que tuvieran el oficio y la sensibilidad para actuar en materia de seguridad ciudadana; existen todavía denuncias en su contra en la CNDH.

En Ciudad Juárez tardaron en buscar salidas. Fue hasta que en la vida cotidiana se percataron de lo que pasaba en las calles, en las casas, en las escuelas, en las empresas, el transporte público, en los salones de fiestas, y hasta en las iglesias que entraron en acción.

Asumieron que si ellos y ellas no se defendían y defendían a la ciudad las cosas iban a empeorar en todos los sentidos. La muerte y la violencia tocaban sus puertas y habían entrado en las casas de muchas familias.

Las autoridades locales eran parte del problema y cuando querían actuar con honestidad estaban rebasadas, Felipe Calderón creyó que el problema estaba en otra ventanilla hasta que el desprecio juarense le hizo ver la realidad y su realidad.

Si Acapulco quiere un Plan Juárez tiene que hacer sus propias tareas. Sin esto de nada sirve ningún plan por más que le lleven soldados, marinos, federales y lo llenen de dinero. El problema es integral y solo se resuelve con el concurso pleno de los ciudadanos acapulqueños, como en Juárez en donde han avanzado y mucho y en donde también saben que están en medio de una lucha interminable.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron ayer:

El llamado “Grupo de Roma”, conformado por obispos y cardenales en los 90, tenían en algunos casos relación con la delincuencia. El Cardenal Posadas Ocampo fue “premiado” después de deshacer la diócesis de Cuernavaca de Méndez Arceo. Su asesinato en el aeropuerto de Guadalajara, hace 23 años, marco el fin de la “luna de miel” entre el gobierno de Salinas y la iglesia católica. Sandoval Iñiguez se posicionó del caso con su idea de que fue un crimen de Estado. El último acto de fuerza del “Club de Roma” fue la imposición de Norberto Rivera.
Bernardo Barranco. Especialista en temas religiosos.

Posted on by Staff in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
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