Si algo producen en las calles los procesos electorales es basura. Cada tres y seis años las reflexiones y las “buenas intenciones” para evitar el tiradero son las mismas. Los políticos y los gobiernos hacen acuerdos, los cuales nunca cumplen, les gana la militancia partidista. De nuevo los árboles, los semáforos, los puentes peatonales y los postes de luz pueden desaparecer ante nuestros ojos debido a los miles de carteles propagandísticos de personajes que no sabemos qué quieren, y menos quiénes son.
En las elecciones del 2000, un interesante estudio de la Universidad de Guadalajara evidenció que para dicho proceso le dedicamos únicamente 28 minutos de nuestro tiempo a las elecciones, con todo y debates. La atención que se le da a las elecciones es mínima y a la propaganda en las calles es todavía menor. Nos volvemos inmunes y se da ese fenómeno de ver sin atender.
Todo lo que se gasta junto con la contaminación visual que provoca no sirve de mucho. No se puede hacer nada de no ser por algunos conscientes ciudadanos que quitan y tiran la basura a la basura. Lo que ya no se puede tolerar es que dentro de 3 y 6 años caigamos en lo mismo. Pedirle a los legisladores que hagan algo puede ser ilógico, pero ojalá por ahí aparezcan algunos conscientes, que por cierto los hay.





