J. Duarte, ¿a su casa o a la cárcel?

La inminente deportación de Javier Duarte ha prendido focos rojos en el terreno de las acusaciones. Cualquier paso en falso provocará un escándalo brutal.

El caso tiene que estar lo suficientemente fundado para que termine en la cárcel. Si el gobierno de Veracruz y el federal no lo desarrollan de manera precisa, además de no cumplir con la justicia harán algo más que el ridículo. El poco crédito que tienen se les va a venir abajo. Quedará la peor de las dudas sobre si hicieron su tarea profesionalmente y de manera acuciosa, o si todo tiene una alta dosis de farsa bien puesta.

Desde donde se vea pareciera que es culpable de los delitos que se le imputan. Desde hace varios años se vienen haciendo diversas denuncias y señalizaciones concretas sobre su forma de actuar, de su mujer —quien anda en los terrenos de lo intocable— y de su entorno.

Miguel Ángel Yunes va a tener que empezar a gobernar dejando de pensar en Duarte. Se la ha pasado siguiendo al exgobernador como forma y programa de gobierno. Con su llegada este día a México, se cierra parte del ciclo y ahora el mandatario tendrá que explicar a los veracruzanos por qué la vida en el estado no ha cambiado después de que sus promesas de campaña lo llevaron al poder.

Yunes ganó por lo que ofreció, pero también porque con el voto se buscó expulsar a Duarte y al pasado priista. Si bien quería acabar con la inseguridad en el estado, quería también sumar en el paquete al exmandatario y sus innumerables tropelías.

Si el gobierno actual no tiene bien armado el caso, el desprestigio ciudadano, con todo lo que esto conlleva, será definitivo, el cual castigará a los panistas con su voto para la elección de gobernador del año que viene (recordemos que el gobierno de Yunes solo durará poco más de año y medio para empatar el calendario electoral).

Si no han hecho bien sus tareas, hoy mismo quedará en evidencia. La decisión que tome el juez sobre Duarte, respecto a que pueda llevar el juicio en libertad, puede ser un hecho que cause un gran enojo y desbordada molestia entre la opinión pública.

No se trata de meter a la cárcel a Duarte para quedar bien ante una sociedad que lo tiene, con cierta razón, como una especie de “villano favorito”. Se trata de hacer justicia, y para ello hay suficientes evidencias para actuar, como ha demostrado el trabajo de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

A esto sumemos los testimonios de muchos veracruzanos, quienes en carne propia han vivido los abusos y las tropelías de Duarte y su entorno. La ASF desde hace al menos dos años presentó evidencias y nadie hizo nada.

Dejaron que hiciera lo que quisiera y se le fueron encima cuando ya no había de otra. A la distancia no solo son cómplices quienes le ayudaron directamente a hacer sus tropelías, sino también quienes desde el poder político y judicial vieron lo que estaba pasando y no actuaron.

Desde hoy no solo Duarte está en la mira, también quienes lo acusan.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron el viernes:

Lino Korrodi es recibido en Morena bajo los lineamientos de López Obrador: hay que dar una segunda oportunidad. No importa si se recibe a personas que hayan cometido delitos. Sacan a Eva Cadena, quien admitió su error, y aceptan a Korrodi, quien fue parte de un financiamiento ilícito reconocido en el 2000 con los Amigos de Fox. ¿Dónde está la coherencia? Morena no se está distinguiendo de otros partidos. Dice que tiene pureza moral, pero no tiene ética, es incongruente. Lo que no perdona AMLO es que no estén con él. Lo que no se vale es que si esto mismo lo hacen otros sea criticado. En una de ésas hasta Javier Duarte les toca la puerta y se la abren. No puede haber segundas oportunidades cuando se viola la ley.

José Antonio Crespo. Analista político. CIDE.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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