Con una mano adelante y la otra atrás

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El semestre está siendo uno de los más violentos en mucho tiempo. Las cifras dadas a conocer por la propia autoridad lo confirman. Algo ha venido pasando que ha desatado violentos escenarios y situaciones que, si bien están latentes, en lo que va del año han sido desproporcionadas.

El tema no se circunscribe a la delincuencia organizada, estamos ante el fenómeno de la violencia cotidiana que está bien metida en nuestras vidas.

A veces se siente, vive y padece más y a veces menos, pero está en la terca realidad o en los temores fundados de los ciudadanos. Muchas veces es un asunto de percepción, que lleva a la que todos entremos en los terrenos de las precauciones y miedos.

El temor como forma de vida está en la cotidianidad de los ciudadanos. Nuestra acción diaria ha sufrido considerables variantes, con tal de evitarnos problemas y a veces ni de esta manera. Nos vigilamos a nosotros mismos y nos cuidamos de todo lo que nos rodea, lo que incluye a nuestros propios vecinos, con todo y que llevemos años conociéndolos.

Todo es susceptible de duda. Lo que hemos hecho es encerrarnos como mecanismo de defensa. Hemos ido entendiendo que tenemos que cambiar nuestros hábitos y de quienes nos rodean.

¿Qué es lo que ha venido provocando todo esto? Son muchos los elementos que confluyen. No es un fenómeno propio de nuestra sociedad. En muchas naciones el fenómeno de la violencia cotidiana no ha podido ser erradicado.

La mayoría de las ciudades viven riesgos de alguna u otra manera. Cuando por cuestiones de cualquier índole se visita una ciudad, se sabe que más vale preguntar dónde se puede uno meter y dónde no.

Se sabe que en todas partes puede pasar algo. En el caso de México y particularmente su capital, lo que está marcando fuerte diferencias es que estamos bajo una dinámica en donde las cifras, los hechos y las percepciones nos están llevando a una fase fuera de control.

Nos hemos ido acostumbrando y acomodando a la violencia cotidiana. La hemos hecho parte de nuestro día a día sin importar el costo que tiene para nuestro desarrollo personal, familiar y profesional.

La violencia ya forma parte de nuestras vidas. Nos hemos habituado a que nos roben en el transporte público, en nuestras casas, el auto o el celular sin importar ni la hora, ni el día, ni la calle.

La violencia en la Ciudad de México ha cambiado la vida de todos, no hay quien la libre. Ante los asaltos que pudiéramos padecer terminamos en lo mismo: “me volvió a tocar” o “algún día me tendría que pasar”.

Una reacción cada vez más común de los ciudadanos está siendo la defensa propia. Nadie se quiere dejar, lo que está provocando situaciones límite que pueden terminar en la vida o la muerte.

El hartazgo tiene que ver con muchas cosas, entre ellas la impunidad, porque las denuncias sirven de poco o nada. Pueden acabar en la cárcel los responsables de los delitos, pero pueden también estar fuera de ella en el corto plazo, con el riesgo para el denunciante de que los delincuentes hagan una “nueva vista” con tintes de venganza por haber sido denunciados.

Los necesarios intentos por mejorar la lenta justicia nos están metiendo en nuevos líos. Si no se depura la información sobre los responsables de los delitos, toda persona que salga de la cárcel podrá seguir delinquiendo y no se sabrá ni dónde anda, ni qué hace. Está comprobado que un porcentaje alto de quienes salen de los penales vuelve a delinquir.

Los ciudadanos estamos con una mano adelante y la otra atrás. Estamos en medio de la impunidad, el robo y la transición de la justicia. Estamos sometidos y al garete.

RESQUICIOS

• Ayer, el PRD tomó una decisión que podría tener consecuencias entre sus bases. Habrá que ver hasta dónde cumplen y aguantan el acuerdo sobre el Frente Amplio Democrático. Sobre todo en la crítica de la corriente que “impulsa el extremismo y la polarización social y política del país”, o sea Morena y su abrumador líder.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
    Conduzco de lunes a viernes de 6:00 a 9:00 el noticiario de la mañana en Once TV y de 1:00 a 3:00 de la tarde el de ArrobaFM, que se transmite en vivo en 26 ciudades del país. Los miércoles a las 21:00 horas estoy al frente de Mesa de diálogo en el Canal del Congreso, un espacio de conversaciones con los legisladores sobre los temas que se discuten en el Poder Legislativo. Conduje la inauguración de la edición 22 de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia.
     
    Ofrezco conferencias y seminarios en universidades y centros de exposiciones. He trabajado principalmente en medios electrónicos, aunque he mantenido espacios de opinión en medios escritos desde hace mucho tiempo.

  • Escribo la columna ‘Apunte’ en el periódico deportivo Récord todos los días y tengo un espacio los sábados: ‘Convicciones’, en el que trato temas de mi segunda pasión en la vida: los deportes.
     
    En televisión, fui conductor titular de los espacios de noticias matutinas en lo que fue Imevisión y del programa de revista Solórzano 3.0 en Once TV México.
     
     

  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
    Desde julio de 2009, está en la red javiersolorzano.com, una apuesta que abre las opciones informativas en un medio nuevo con editoriales diarias vía podcast.