El Licenciado y el Chómpiras

La detención de dos importantes personajes del narcotráfico no debe soslayarse. Lo que sí hay que hacer es otorgarle su justa dimensión, en función del hecho mismo y también de lo que a partir de ahora hagan las autoridades.

El Gobierno se propuso capturar a poco más de 120 personajes centrales de la delincuencia organizada al inicio del sexenio, hasta ahora lleva más de 100. El problema es que a pesar de las aprehensiones, a lo que hay que agregar la muerte de algunos de ellos y ellas, la violencia no ha cedido por más que se haya terminado con un buen número de “objetivos”, como los llama el Gobierno.

Queda claro que el narcotráfico se reinventa cada vez que uno de los líderes es detenido o muere. No pasan más de 24 horas para que aparezca el “nuevo jefe”. Las estructuras se reacomodan de inmediato.

Todos lo saben, empezando por los propios narcos, es una regla ineludible. Las autoridades por supuesto que también lo saben. En las investigaciones no sólo ven hacia arriba, también ven hacia abajo y a los lados. Quien hoy parece ser un personaje menor en la estructura del cártel mañana mismo puede ser la cabeza de la organización. El mercado hace insaciables a los cárteles, sea quien sea el hegemónico.

Este “abc” es conocido por todos, pero no por ello se debe pasar por alto, y más cuando ayer se efectuaron detenciones realmente significativas. El Licenciado y el Chómpiras están siendo sustituidos en este momento, en lo que se pronostica como una cruenta batalla que de seguro va a alcanzar a Sinaloa, nos dice José Reveles.

No es nada fácil para el Gobierno mexicano defenderse y atacar a la delincuencia organizada por más que haya la mayor y las más genuina de las voluntades.

La lucha contra el narcotráfico se da hacia el exterior, pero en el caso de nuestro país se da particularmente al interior de los gobiernos. El enemigo está afuera y también adentro.

Dámaso López, el Licenciado, es prueba de la relativa facilidad con que la delincuencia organizada puede cooptar autoridades. Dámaso López trabajaba como funcionario en el penal de alta seguridad de Puente Grande. Ahí conoció al que luego sería su compadre, Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, a quien ayudó a fugarse por primera vez.

Sea la máxima de plomo o plata o sea por cualquier otra razón, las autoridades son abiertamente proclives a la corrupción, no les queda de otra, o de plano son parte de la delincuencia organizada y trabajan infiltrados, o no tan infiltrados, en los gobiernos.

Las aprehensiones de ayer son en sí mismas importantes. Sin embargo adquirirán un valor real y trascendental si se va en contra de las cadenas que han permitido el desarrollo de las actividades de personajes como el Licenciado y el Chómpiras.

De otra manera si bien se reconoce el gran trabajo que se hizo no termina por atacarse la esencia de lo que permite la actividad delincuencial, en la cual están algunas autoridades y empresarios quienes son cómplices y parte del negocio.

Un golpe tan bien dado requiere de un segundo y un tercer golpe. La oportunidad está particularmente dada porque el cártel se tiene que reorganizar, no va a haber otro momento como éste en el corto y el mediano plazo.

Veremos si todo se queda en el primer golpe o ahora sí dan el segundo y el tercero.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron ayer:

• Todos sobrerreaccionamos en enero entre Trump, los gasolinazos y el dólar. Lo que hoy se ve es que pasó algo que hace tiempo no sucedía: las exportaciones repuntaron, hecho sin duda significativo, y las empresas se dieron cuenta de que las cosas no eran tan graves como se preveía. Se ha recuperado el índice de confianza al consumidor, lo que ha ido permitiendo que la economía se estabilice. No perdamos de vista que parte de la incertidumbre en el país viene de antes de Trump. El consenso ahora del PIB anual es 1.7 %, creo que va a estar cerca del 2 %: Jonathan Heat, doctor en economía, académico y columnista.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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