Tras las cañerías de Duarte

En el Gobierno deben saber que no basta con la detención y la eventual extradición de Javier Duarte. Para que el hecho adquiera una dimensión real y se vuelva creíble es necesario llevar a cabo un juicio, no una venganza o una puesta en escena, que permita conocer a detalle la cadena de complicidades del exgobernador.

De nada va a servir su cabeza si no se da el paso que lleve a conocer las cañerías por donde se movía Duarte y sobre todo quiénes eran los corresponsables de todo ello. La cabeza de Duarte vale en sí misma, pero adquiriría una acción a favor de la justicia y un paso en contra de la corrupción si viene acompañada de un debido proceso que permita conocer y castigar, en su caso, a sus cómplices, sean quienes sean.

No hay manera de que Duarte haya actuado solo. Es evidente que se sirvió de una serie de apoyos en su gobierno y fuera de él que le permitieron armar todo tipo de tropelías.

Ayer nos hicimos una pregunta que suponemos pasa por la cabeza de muchas y muchos: ¿El gobierno realmente está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias en este caso? Insistimos en que la cabeza del exgobernador da menos de lo que se cree. Produciría un efecto real si se ataca el problema en todas sus aristas.

Las dudas que ha provocado la detención tienen que ver con el descrédito del gobierno. A pesar de que haya quien piense que es “un distractor”, la aprehensión es un hecho de la mayor importancia.

Las dudas aparecen cuando el Gobierno de manera abierta exonera a la esposa de Duarte, siendo que hay evidencias del uso de grandes cantidades de dinero a través de tarjetas de crédito para su desaforado y abusivo uso personal.

Resulta singular que con todos los documentados manejos de los dineros por parte de la familia no haya siquiera algún tipo de indagatoria en su contra. Este hecho es lo que ha llevado a la especulación sobre los terrenos en que se pudo dar la captura de Duarte. Dicho de otra manera, la familia pudo haber sido parte de algún tipo de negociación.

Martín Barrón, del Inacipe, nos hizo ver ayer la seriedad con que deben estar tomando las autoridades guatemaltecas el caso. En este país, nos dice, tienen en la cárcel a un expresidente y a diferentes autoridades acusadas de diversos delitos. “Llevan algunos años luchando contra la corrupción, tratando de hacer justicia efectiva para todos y en el camino buscar cambiar la imagen del país en la materia; es un buen dato que sea en Guatemala el proceso”, enfatiza Barrón.

Si va en serio, el Gobierno tiene que fundamentar profesionalmente sus acusaciones contra Javier Duarte. Las críticas de los partidos de oposición y los exhortos a que se lleve a cabo un proceso “ejemplar y transparente” por parte del CCE tienen su razón de ser.

Están planteando su abierta inquietud de que no se vaya al fondo, lo que provocaría que el juicio termine por convertirse en algo ligero que permita al exgobernador, en pocos años, salir de la cárcel y de paso gastarse el dinero.

La impunidad con la que actuó Duarte fue solapada por diferentes instancias de gobierno. Esa impunidad es la que tiene que romperse en el proceso de extradición.

El Gobierno debe tomarse el tiempo para fundamentar sus acusaciones y revisar detalladamente cuáles deben ser. Lo que no haga ahora no lo va a poder hacer después, porque no se le van a poder levantar más cargos a Duarte de no ser aquellos por los cuales se solicita la extradición.

La cabeza de Javier Duarte no sirve de mucho, lo que sirve es atacar lo que hizo posible que terminara por ser la cara más acabada de la corrupción, en un país que si por algo se distingue es por ello.

RESQUICIOS

Quizá tarde que temprano nos íbamos a enterar de las tropelías de Javier Duarte.

Sin embargo, fue Animal Político el que con un extraordinario trabajo periodístico documentó las cañerías del hoy detenido. Se reconoce porque fue, es y será clave.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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