186 días

Por más complicidades que rodeen a Javier Duarte su detención era un deber para el Gobierno y el país, algarabía que empezó en el café La Parroquia.

No había manera de que evadiera tanto tiempo la justicia. A sus innumerables tropelías permitidas desde el Gobierno federal, se sumó la indignación nacional que lo colocó como la personificación de la corrupción.

Por más que el Gobierno federal le diera largas al asunto llegó el momento en que tenía que tomar una decisión. Detuvo a Duarte porque, más allá del uso político que pueda hacer del caso, se había convertido en la cara más acabada de la corrupción política en el país; es lo más oprobioso que hayamos vivido en los últimos años en la materia.

Javier Duarte no existía ni se movía solo. Veremos si ahora habla. Una cosa es estar en libertad y dejar espacios a la especulación que puedan afectar a sus cómplices y beneficiarios, y otra es estar en un penal de alta seguridad, al que va directito.

Javier Duarte pudiera ser hoy un hombre asustado y temeroso al que se le debiera acabar su vida pública por acción de la justicia. Con todas las contundentes evidencias que hay en su contra, pudiera ser solo un trámite legal escucharlo.

Javier Duarte en estas primeras horas ha manifestado una actitud soberbia, a decir de las autoridades guatemaltecas, o quizá sea el exceso de confianza. Debe saber que hay una cámara que lo graba y que nosotros también lo veremos.

Es difícil abstraerse del eventual uso político que se pueda hacer de la aprehensión. El eje de las campañas en los estados en donde hay elecciones se ha centrado, por parte de la oposición, en la corrupción flagrante del Gobierno federal y los estatales.

El uso que haga el Gobierno del caso Duarte, como también lo podría hacer con Tomás Yarrington más los que vengan, tratará de cambiar la muy deteriorada imagen que se tiene del Gobierno. En algún sentido las detenciones le han caído al Gobierno en tiempo y forma.

Para lo que había venido pasando y diciendo sobre Javier Duarte su captura pareció un trámite más sencillo de lo que se suponía. Las especulaciones son inevitables porque detrás del caso hay referencias al Gobierno federal y un tufo de que el dinero del exgobernador de Veracruz llegó a las campañas políticas.

Podemos estar ante un gran trabajo de inteligencia y de coordinación entre los gobiernos de Guatemala y México que llevó a la detención del personaje, o también ante una entrega pactada. Como sea lo que viene ahora es lo importante.

¿Hasta dónde quiere llegar el Gobierno con el caso Javier Duarte, el cual se suma a otros que han sido identificados con razón como la corrupción que ha imperado en este sexenio?

Si el Gobierno se queda solo con la aprehensión no va a pasar nada trascendente y Duarte va a terminar por ser un chivo expiatorio que tarde que temprano va a ser entrevistado por los medios, los cuales hasta le pudieran otorgar el calificativo de “víctima”.

La oportunidad que tiene el Gobierno con Javier Duarte y Tomás Yarrington va más allá de un proceso electoral. Si quieren a estos personajes para ganar el Estado de México están evidenciándose, hecho que además muestra su desprecio por una lucha profunda en contra de la corrupción; la acción los define en sus intereses y principios como grupo en el poder.

Javier Duarte y los otros no son ajenos al sistema político, más bien son uno de sus productos. Veremos hasta dónde quiere llegar el gobierno y ojalá entiendan que esto rebasa a las obsesivas elecciones del Estado de México.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron el viernes:

• El lavado de dinero con Tomás Yarrington se dio fundamentalmente en el área de la construcción, en donde no hay un control pleno. Es difícil tener una idea de la cantidad de dinero. La consolidación de Los Zetas, uno de los factores para el lavado, se presentó durante el gobierno de Yarrington: Martín Barrón Cruz, maestro en ciencias penales, Inacipe.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

Add a Comment

  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
    Conduzco de lunes a viernes de 6:00 a 8:30 el noticiario de la mañana en Once TV y de 1:00 a 3:00 de la tarde el de Ultra Noticias, que se transmite en vivo al interior de la república. Los miércoles a las 21:00 horas estoy al frente de Mesa de diálogo en el Canal del Congreso, un espacio de conversaciones con los legisladores sobre los temas que se discuten en el Poder Legislativo. Conduje la inauguración de la edición 22 de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia.
     
    Ofrezco conferencias y seminarios en universidades y centros de exposiciones. He trabajado principalmente en medios electrónicos, aunque he mantenido espacios de opinión en medios escritos desde hace mucho tiempo.

  • Escribo la columna ‘Apunte’ en el periódico deportivo Récord todos los días y tengo un espacio los sábados: ‘Convicciones’, en el que trato temas de mi segunda pasión en la vida: los deportes.
     
    En televisión, fui conductor titular de los espacios de noticias matutinas en lo que fue Imevisión y del programa de revista Solórzano 3.0 en Once TV México.
     
     

  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
    Desde julio de 2009, está en la red javiersolorzano.com, una apuesta que abre las opciones informativas en un medio nuevo con editoriales diarias vía podcast.