Daphne y su pesadilla interminable

No hay manera de hacer a un lado la percepción de que en nuestro país la justicia se puede comprar. No tiene sentido generalizar, pero los ciudadanos tenemos muchas experiencias en las que nos queda claro que ante la justicia no necesariamente todos somos iguales.

El caso Daphne, la joven que fue abusada en Veracruz por cuatro muchachos apodados Los Porkys, muestra el entramado en el que se puede meter la instrumentación de la justicia.

Los jóvenes han sido señalados con testimonios concretos, pero por las razones que se quiera de alguna u otra manera han ido evadiendo la justicia. El caso se ha ido convirtiendo en emblemático y se le ha puesto la mayor de las atenciones en el país, no solo en Veracruz.

La razón es que Daphne es un caso entre muchas. No es la única que ha vivido situaciones al límite, pero sí es una mujer que dijo basta y que no quiere que lo que le pasó se lo lleve el olvido. Pensó en ella y en muchas como ella.

Los argumentos que esgrimió el juez para conceder un amparo a uno de Los Porkys, el cual lo deja en libertad provisional es, desde donde se vea, lamentable. Desde su óptica como autoridad judicial lo que le hicieron a Daphne no fue tan grave, tan es así que otorgó el amparo.

Para el juez “bajarle el brasier, hacerle tocamientos en los senos y las piernas y meterle los dedos en la vagina” a Daphne no fueron suficientes, no obstante que se oponía a que le hicieran todo esto. “Ella les decía, se lee en el acta, que la dejaran y no le hicieran daño”.

Todo esto y más resultaron insuficientes para que el juez tuviera sensibilidad al tiempo que aplicara las leyes y tuviera en su criterio las muchas mujeres que viven este tipo de violencia. Este caso es parte de una situación de vida en el país en donde las cosas, bien se sabe, llegan a ser todavía más violentas.

Lydia Cacho nos decía ayer que la gravedad de la decisión del juez manda un mensaje a quienes violentan y abusan de las mujeres y a las mujeres mismas. Es lamentable que el juez no se haya dado tiempo para pensar en sus hijas o familiares que eventualmente pudieran vivir una situación similar; nadie está exento de ello.

Lo que no tiene sentido, nos indica Lydia, es la campaña que se ha hecho en redes en contra de las hijas y familiares del juez; “ellas no tienen nada que ver ni son responsables de nada”.

El otro mensaje que está enviando el juez es el de la impunidad. Se reconocen hechos lesivos, pero no se hace nada en contra de quien los cometió. Lo grave también es que se haya otorgado un amparo de esta naturaleza, el cual puede terminar por beneficiar a los otros tres Porkys. Podríamos estar ante nuevos amparos que permitirían a todos ser enjuiciados desde su casa.

Hacia la tarde de ayer el Consejo de la Judicatura Federal reaccionó con sensatez. Suspendió al juez del caso, Anuar González Hemadi, lo que viene ahora debiera ser la revocación del amparo.

El gobierno de Miguel Ángel Yunes tiene una oportunidad en este caso. Ha sido personalmente señalado por hechos delicados no probados que lo debieran llevar a una defensa en el marco de la ley de Daphne.

“Indignante”, dijo el padre de Daphne cuando se enteró de que habían otorgado un amparo a uno de Los Porkys. Tiene razón. El caso de su hija es además de una pesadilla personal el de muchas mujeres. De nuevo la impunidad y de nuevo la idea de que la justicia se puede comprar.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron ayer:

La muerte y la agresión a los periodistas evidencian el desdén y la ineficacia de la fiscalía encargada de su defensa. En lo que va del sexenio han muerto 30 de ellos por hechos violentos, y por lo que se ha sabido y “han hecho” en la fiscalía pareciera que apuestan por que las agresiones y los asesinatos se vayan al olvido. El estado de las cosas pone a los periodistas bajo la tensión y sobre todo los intimida; no solo a ellos, también a sus familias, llevándolos en muchos casos a la autocensura como un mecanismo de sobrevivencia: Darío Ramírez.

Posted on by Carlos Candiani in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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