Ahí viene Trump

por Javier Solórzano Casarin

Aunque en ocasiones me cuesta trabajo reconocerlo, crecí como muchos otros niños y niñas de mi edad con una gran admiración por los Estados Unidos. No hay manera de negar la fascinación que tenía por el país vecino. Era un niño, todo lo grande, brillante y abundante de este país me llamaba la atención.
En dos ocasiones por fortuna o no, quien sabe, me ha tocado vivir en los Estados Unidos durante unas elecciones polarizadas. La primera como estudiante viviendo en Chicago durante la reelección de George W. Bush en el año 2004. La segunda, ahora que vivo en la ciudad de Los Angeles, en este pasado 8 de noviembre del 2016 – cuando el empresario y estrella de la cultura del Reality TV, Donald J. Trump se acaba de convertir en el 45avo Presidente de la nación más poderosa de la historia. En ambos casos sentí conmoción. Cuando Bush gano la reelección, no lograba entender como podía ser posible, como podría existir un escenario donde eso podría ser una realidad. El Presidente le había mentido al pueblo norteamericano. La premisa era que en Irak habían armas de destrucción masiva, esta fue la justificación de su administración para invadir al pequeño país del medio oriente por segunda vez y aniquilarlo a través de la pura fuerza militar. Causando la muerte de miles de civiles iraquíes, hombres, mujeres y niños, y la de cientos de soldados estadounidenses. No habían armas de destrucción masiva. La verdadera agenda para invadir, el petróleo y el control de la región.
La geopolítica fascista de Bush y de Dick Cheney fue vigorosa e inquebrantable durante los ocho años de su mandato. Cuando la comunidad internacional manifestada a través de la frágil voz de las Naciones Unidas expreso su firme desacuerdo con la invasión, la administración de Bush no vacilo y emprendió su brutal excursión militar. A diferencia de lo que dicen Trump, sus seguidores y sus defensores; los Republicanos y varios de los miedos televisivos e impresos, esto fue lo que creo el perfecto ambiente tóxico para el nacimiento del grupo terrorista más sanguinario de la modernidad, el ISIS. No Obama, no Hillary. El gobierno de George W. Bush.
Aun así, con todos estos acontecimientos irrefutables, el 9 de noviembre del 2016 abrí mis ojos de botepronto a las 6 de la mañana y sentí la peor ansiedad que me ha invadido como participante de la sociedad mundial.
Contra todas las probabilidades, expectativas, pronósticos y apuestas, Donald J. Trump ha ganado el voto electoral venciendo a Hillary Clinton, una de las figuras más emblemáticas de la política estadounidense contemporánea.
Como Mexicano, como ser humano pero más importante todavía como ciudadano de este mundo, me es inconcebible asimilar que Trump será el futuro presidente de los Estados Unidos.
Este pasado 9 de noviembre del 2016, el día después de las elecciones, me imaginaba uno de esos títulos apocalípticos de la predilecta formula Hollywoodense para definir la atmosfera de pánico, de miedo y de angustia que vivíamos millones de personas; ciudadanos, residentes, visados, estudiantes, migrantes, minorías, entre muchos otros.
¿Cómo sucedió esto? ¿El racismo en este país es mucho más vocal y poderoso de lo que imaginábamos? ¿El odio y la desconfianza al extranjero, al migrante, al de afuera son esenciales en el pensamiento colectivo de esta sociedad? ¿El constante ataque a las mujeres, verbal y físico, es una convención aceptable para muchos y muchas estadounidenses? ¿Hay un deseo autentico de la población blanca porque las minorías sean de nuevo ciudadanos de segunda clase? ¿Para que sus derechos y oportunidades adquiridos a través de la historia sean revocados?
¿Qué deben de sentir los musulmanes, los migrantes indocumentados, las mujeres, los afroamericanos, los discapacitados, los periodistas, los refugiados políticos, ahora que Trump es presidente? Es inquietante pensar que millones de mujeres y latinos votaron por Trump. La ambigüedad moral y ética es demasiado dominante.
Importa más el nacionalismo y el sueño americano que la decencia humana, que la fraternidad y la solidaridad por otros. ¿Qué es el sueño americano ¿Obtener dinero y poder pasando sobre todos los demás? ¿Adquirir fama y reconocimiento sin importar las consecuencias? ¿Sin importar a que comunidad desmiembras en el camino? Eso es lo que hizo Trump. ¿Eso es lo quieren, aspiran, comparten, los millones de estadounidenses que votan por él?
Hay muchos elementos que hicieron esto posible, muchos y definitivamente hay un nivel de complejidad que ilustra los resultados de esta elección. Hay toda una historia detrás que tiene que ver con el capitalismo, la industrialización y una sociedad cuya mayor ambición siempre ha sido el dinero, los bienes materiales y un status de vida que refleje el máximo triunfo del ego.
Sin embargo hay un factor que probablemente es mas preocupante que todos los demás. Las razones por las que muchos votaron por Trump.
Las mujeres y los hombres que votaron por Trump porque estaban de acuerdo al pie de la letra con cada aberración que salió de su boca, y que lo apoyan hasta el final. Las mujeres y los hombres que votaron por Trump a sabiendas de todo lo que dijo, expresando su descontento y hasta su desacuerdo por sus declaraciones pero que aun así votaron por él. Justificando todo lo que había dicho o intentando ofrecer una ridícula explicación de que fue lo que realmente había intentado decir. A oídos sordos. Como si este repulsivo payaso nunca hubiera dicho, TEXTUALMENTE, lo que dijo. Migrantes Mexicanos sin papeles son violadores y criminales. Todos los musulmanes son potenciales terroristas. Hay que matar a las familias de los terroristas. Las mujeres se valoran por su atractivo físico y sexual, no por su valor humano.
Esto nos lleva a lo peor de los votantes del circo Trumpiano, todas las mujeres que votaron por él, millones y millones, lo escucharon en sus propias palabras y escucharon testimonios de muchas otras mujeres, la prueba innegable de sus acciones depredatorias sexuales en contra del sexo femenino. No fue suficiente. Prefirieron poner en riesgo la integridad de todas las mujeres en este país, incluyendo la de sus hijas, que votar por Clinton. El hombre va a gobernar el país y ha dejado más que claro que las mujeres solo son útiles como objetos sexuales.
Por último, el voto latino. Una gran mayoría de latinos estadounidenses voto por Trump, solo veamos como quedo el mapa de Florida. Lo que nos recuerda a la historia triste de México llevada al microcosmos de los Hispanos en este país. La guerra de clases.
Migrantes con papeles en contra de migrantes sin papeles. La suposición que todos aquellos que ya lograron el status de ciudadanos no deberían de considerar a los demás porque son antes que nada estadounidenses y están en contra de la gente que rompe la ley. La memoria es corta en Estados Unidos, apenas hace un poco más de sesenta años, los afroamericanos se tenían que sentar en la parte de atrás del autobús, no podían ir a las mismas escuelas, tiendas, restaurantes y albercas públicas que los blancos.
A los latinos ciudadanos que votaron por Trump se les olvida que seguramente conocen a un migrante indocumentado; que son amigos de uno o varios migrantes indocumentados, que familiares suyos no tienen papeles y que ellos en la desesperación de salir de su país donde no hay oportunidades, donde la pobreza y la corrupción ahoga a sus hijos y a sus propias familias, escaparon a este país en búsqueda de una vida mejor. La enorme mayoría no tiene el lujo de esperar a los extensos tramites migratorios.
Es la guerra de clases. Un hispano con papeles es automáticamente mejor que un hispano sin papeles.
Es inconcebible que estos latinos inviten con la conciencia libre la menor posibilidad de que su futuro presidente, arreste y deporte a once millones de migrantes indocumentados. Migrantes como ellos. Una nueva deformación fascista con reminiscencias a los campos de detención de Japoneses en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Hoy es un antes y después. El 9 de noviembre del 2016 es un día que va a marcar a la humanidad para siempre. Llevo más de un año escuchando las declaraciones del señor Trump, atestiguando las acciones xenófobas, violentas e intolerantes que ha promovido con el completo uso de sus facultades. Por ello, lo veo cerca de imposible que esto pueda tener un resultado distinto a lo que hemos estado viendo y escuchando. A lo que los medios estadounidenses de manera cómplice e irresponsable se han dedicado a difundir con tanta vehemencia.
Mi fascinación por Estados Unidos se diluyo hace mucho tiempo. Ahora siento vergüenza y tristeza. Digan lo que digan los “expertos”, los “analistas” y los “comentaristas de televisión”, el voto que llevo a Donald J. Trump a la presidencia este 8 de noviembre fue inspirado por el odio, el racismo y el miedo.

Posted on by Javier Solórzano in La maleta de cine Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
    Conduzco de lunes a viernes de 6:00 a 9:00 el noticiario de la mañana en Once TV y de 1:00 a 3:00 de la tarde el de ArrobaFM, que se transmite en vivo en 26 ciudades del país. Los miércoles a las 21:00 horas estoy al frente de Mesa de diálogo en el Canal del Congreso, un espacio de conversaciones con los legisladores sobre los temas que se discuten en el Poder Legislativo. Conduje la inauguración de la edición 22 de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia.
     
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    En televisión, fui conductor titular de los espacios de noticias matutinas en lo que fue Imevisión y del programa de revista Solórzano 3.0 en Once TV México.
     
     

  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
    Desde julio de 2009, está en la red javiersolorzano.com, una apuesta que abre las opciones informativas en un medio nuevo con editoriales diarias vía podcast.