Veracruz y el previsible futuro

El caso Javier Duarte coloca en la mesa, al mismo tiempo, viejos y nuevos temas que más vale atender y no olvidar a futuro. Cuando pase el tiempo y Javier Duarte termine, se presupone, en el cadalso, se podría olvidar todo lo que se ha vivido.

Una pregunta necesaria: ¿por qué ante la presumible fuga de Duarte la autoridad ha sido tan pasmosamente pasiva? Como se han dado las cosas era y es necesario que el gobierno estableciera un seguimiento puntual de las actividades del gobernador con licencia.

Si ya se dio a la fuga el gobierno es corresponsable porque a sabiendas de lo que podía pasar no actuó bajo los protocolos que el caso exige. De seguro tarde que temprano lo van a detener; el problema no es esto, sino el hecho de que se está mandando de nuevo un mensaje de pasividad que raya en la complicidad.

Otra cuestión a revisar es lo que nos comentó ayer el abogado Miguel Carbonell. Dice que el fuero no impide la acción penal en contra del gobernador con licencia. Debido al tipo de responsabilidades que se le imputan la autoridad pudo haber actuado desde hace varios días, sin que por ello se violara algún elemento propio del fuero de Javier Duarte.

Lo que debe tener atención y seguimiento en Veracruz y en cualquier gobierno son las actividades gubernamentales de todo tipo. Las exigencias derivadas de las leyes en materia de transparencia y rendición de cuentas siguen siendo para muchos gobernadores letra muerta.

Veracruz es un ejemplo más de cómo un gobernante pasa del mundo de los virreyes, en que se erige y lo erigen, al mundo terrenal, al que cae en medio del escándalo y acusaciones de toda índole. La toma de conciencia ciudadana, acompañada por la rabia, la denuncia y la lucha por el poder, los termina por mandar a la cárcel. Esto está detrás de la caída y por ende la fuga.

A lo largo de al menos tres años se presentaron denuncias en contra del gobernador, las cuales no tuvieron un seguimiento ni por parte de las autoridades estatales ni de las federales. Si esto se hubiera hecho quizá los veracruzanos no hubieran pasado tres años de pesadilla.

El desenlace era a todas luces previsible. Ha sido la suma de errores y horrores. Es la corrupción, la complicidad, el siempre peligroso y riesgoso dejar pasar, las luchas por el poder que tienden a confundirse con denuncias serias y profundas dignas de atención y la soberbia de los gobernantes.

Es el cúmulo de elementos que en buena medida definen al sistema político. Son vicios que no se han podido erradicar a pesar de los muchos esfuerzos hechos en favor de la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas.

Veracruz además está metido en una pugna lamentable por el poder. El gobierno electo se la pasa gritando a los cuatro vientos que va a meter a la cárcel a Duarte, como si estuviera en sus atribuciones hacerlo.

Después de lo que ha vivido Veracruz, junto con lo que le falta todavía por ver y vivir, si no se aprenden las severas lecciones se irá en la ruta de repetir absolutamente todo. Por más que los nuevos gobernantes prometan y prometan, no olvidar que estarán en el poder año y medio, no hay garantías de que las cosas no se repitan. Unos y otros son de la misma escuela y la misma naturaleza.

Ahora vendrán los golpes de pecho, la búsqueda “con toda la fuerza del Estado”, la bravatas de Yunes, las entrevistas exclusivas con el prófugo, la atención mediática, la guerra verbal entre los partidos y el futurismo, todo lo cual se pudo haber evitado.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron ayer:

*El amparo otorgado al Dr. José Luis Mireles nos da la razón respecto al valor de las pruebas de la defensa. Mireles tenía permiso de la autoridad para portar armas. Si la PGR promueve otra revisión en dos o tres meses deberá estar en libertad, ya no tienen razones legales para mantenerlo en prisión. Si no la promueve un juez deberá en un mes máximo declarar su libertad: Ignacio Mendoza, abogado del Dr. Mireles.

Posted on by Staff in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
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