Los hijos del Chapo y el todo

Tenemos a la violencia como un elemento que nos define y nos da identidad como sociedad. Nos hemos acostumbrado a ella y a que esté entre nosotros, sin importar el lugar del país al que hagamos referencia.

Todos los días se reportan hechos violentos, los cuales, si bien pueden circunscribirse a ciertas zonas del país, crean un estado de ánimo y una forma de ver las cosas en términos de nación. La delincuencia organizada se ve por todas partes: si no está en todos lados pareciera que lo está.

Esta percepción-realidad nos ha llevado a convivir con la violencia. Ya la vemos casi como algo “normal”. Es parte de lo diario en algunos estados. Muchos niños han crecido con ella, algunos de ellos la han sufrido en sus propias casas, de familiares o amigos. Han sido muy probablemente testigos de escenas dantescas que los van a marcar para toda su vida.

El crecimiento de los niños y los jóvenes bajo estas circunstancias ya genera odios, distancia social y aislamiento. Los deseos de venganza pueden pasar por la cabeza de muchos porque, además, en medio de todo, está la impunidad. No hay defensa por más que a muchos de estos escenarios los llamen desde el poder “daños colaterales”.

A pesar de esto, pareciera que hay cosas que todavía nos sorprenden, quizá más por los lugares en que se suscitan que por los hechos mismos. Ernesto López Portillo nos llamaba la atención hace algunos días sobre todo lo que se comentó del secuestro de dos hijos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, en un conocido restaurante de Puerto Vallarta: “La Leche”.

La reflexión de López Portillo llama la atención sobre cómo el secuestro de dos hijos del conocido capo de la droga, en un famoso restaurante, visitado por la gente de Puerto Vallarta y por muchos turistas nacionales, concentró de manera significativa la atención de los medios.

Señala López Portillo que estamos pasando por alto lo que pasa en buena parte del país, lo cual en ocasiones ya no es noticia para los medios de comunicación. Es algo que pasa a diario y no “solo en Puerto Vallarta”.

Esta semana que fueron secuestrados un grupo de jóvenes en Guanajuato; que un comando de 150 hombres muy bien armados atacaron a civiles e integrantes de la PF; que aparecieron 51 fosas clandestinas en Veracruz, solo por mencionar lo que está a la vista, fue identificado como parte de la lógica de la violenta cotidianidad, pero de manera paralela se le otorgó otra dimensión al secuestro de los hijos de un narcotraficante.

Las crónicas se dirigieron a que si eran dos o tres los hijos secuestrados, a que si el Mayo Zambada había sido el negociador, a que si el gobierno le ofreció al “Chapo” la posibilidad de levantar un acta sobre lo acaecido a sus hijos.

Unos hechos no están por encima de otros, pero si en algo vale la pena reparar es en que estamos con la violencia en todas partes. Lo de Puerto Vallarta llamó la atención porque fue detallado en las crónicas y por los personajes y el lugar conocido, además de que aparecieron diversas versiones de “buenas fuentes”.

El problema es que lo que pasó en el restaurante de Vallarta pasa de diferentes maneras, casi todos los días, sin que se conozca o se lleve la atención colectiva.

La clave está en identificar con claridad en lo que estamos metidos, lo cual no tiene salida en el corto, mediano y largo plazo. Es un callejón sin salida. Los secuestros en Puerto Vallarta llamaron poderosamente la atención pero son parte del todo, ni más ni menos.

RESQUICIOS

Así nos lo dijeron ayer:
* El problema va más allá del matrimonio entre personas del mismo sexo. Está también el estado laico. El discurso de odio de la iglesia tiene que serenarse. Es momento de la moderación, empezando por la iglesia, la cual o está envalentonada o los otros están atemorizados. Habrá que ver si tiene capacidad de movilización en las convocatorias que ha hecho para salir a las calles.
Bernardo Barranco. Sociólogo. Especialista en Religiones.

Posted on by Staff in Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
    Conduzco de lunes a viernes de 6:00 a 9:00 el noticiario de la mañana en Once TV y de 1:00 a 3:00 de la tarde el de ArrobaFM, que se transmite en vivo en 26 ciudades del país. Los miércoles a las 21:00 horas estoy al frente de Mesa de diálogo en el Canal del Congreso, un espacio de conversaciones con los legisladores sobre los temas que se discuten en el Poder Legislativo. Conduje la inauguración de la edición 22 de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, Rusia.
     
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  • Escribo la columna ‘Apunte’ en el periódico deportivo Récord todos los días y tengo un espacio los sábados: ‘Convicciones’, en el que trato temas de mi segunda pasión en la vida: los deportes.
     
    En televisión, fui conductor titular de los espacios de noticias matutinas en lo que fue Imevisión y del programa de revista Solórzano 3.0 en Once TV México.
     
     

  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
    Desde julio de 2009, está en la red javiersolorzano.com, una apuesta que abre las opciones informativas en un medio nuevo con editoriales diarias vía podcast.