Los dioses

Río de Janeiro. Día 8.- Pocos eventos desatan los excesos del nacionalismo como los Juegos Olímpicos. Los deportistas toman los juegos como una especie de defensa de la patria. La competencia es el espacio en donde los atletas le hacen saber al mundo quiénes son y sobre todo a qué país representan.

Los deportistas son los nuevos dioses de la era moderna. Se les rinde pleitesía a todos los niveles la cual es compensada y reconocida con altas sumas de dinero. Los medios de comunicación y los aparatos publicitarios se encargan del resto.

Algunos atletas encuentran en los juegos la posibilidad de acercarse a los suyos. Los de muy alto nivel, los de la élite y los más reconocidos, vienen a los juegos para convertirse, por lo menos durante algunos días de sus vidas, en dioses terrenales de carne y hueso.
Los juegos son el espacio en que todas y todos están convocados. Los que no vienen a la cita o están lesionados o de plano pusieron al zika como pretexto. Algunos golfistas han sido los más señalados. Nos decía ayer Gary Player, legendario e histórico golfista, “yo hubiera venido a los juegos como sea, incluso remando pero ten por seguro que yo no me los hubiera perdido”. Quizá para algunos golfistas la diferencia entre participar o no estaba en las bolsas de dinero y no necesariamente en el zika.

Las lágrimas de Novak Djokovik y de Serena Williams son la manifestación de la impotencia y de cómo la derrota los hace humanos. Los dos querían ganar, más que por ellos mismos querían ganar por sus países y por los que los siguen, los cuales por lo general les ven jugando por dinero y por su propio orgullo.

Querían ganar y querían las medallas porque eso los coloca en el otro olimpo, el de los juegos que convocan al mundo. Querían ganar también por los otros, los de sus países, que son parte de ellos mismos.

A través del triunfo se exalta el sentido de nación y se expande el nacionalismo, el cual es componente central en el sentido de los juegos.

La reacción de los brasileños cada vez que sus deportistas ganan un partido o un punto en un juego es desbordada. La forma inmediata que encuentran para manifestarlo es besar el escudo de su país que traen en la playera, como una imitación de lo que ven que hacen sus atletas, a quienes es común verlos hacer lo mismo. Pero lo más importante es que todo ello les da una identidad y sentido de pertenencia.

Rafael Nadal sabe muy bien lo que esto quiere decir. Se le preguntó hace algunos meses si estaba en sus planes asistir a los Juegos Olímpicos y contestó de forma categórica, “voy por los singles, dobles y dobles mixtos”.

Para Nadal y Andy Murray los juegos son algo serio, algo a lo que se comprometen; no es casual que sean los abanderados de sus países. Los designan por la forma en que asumen su compromisos y porque son la mejor cara y la más conocida que tienen sus países. Si bien pertenecen al mundo globalizado, al final son originarios de una nación, o si se quiere de una tribu.

Los que vienen a Río piensan en los suyos, a quienes en la mayoría de los casos les deben todo. Saben que en sus naciones pueden ser llevados al cielo o enviados de manera directa al infierno para ser sujetos del escarnio. Es la condición bajo la que viven todas y todos, incluyendo a los grandes dioses que en estos días juegan a ser “terrenales”.

DEL 7-0 A LA INMEDIATA ELIMINACIÓN:

Ya habrá tiempo de hablar a detalle de la eliminación futbolera de ayer. La crisis en las selecciones nacionales es evidente. Si bien la selección de futbol mostró pasajes de un buen sentido del juego, lo de Fiyi fue lamentable. En este partido se perdió más de lo que parece.

Poco faltó para que el equipo de taxistas, dicho con respeto a un grupo de jugadores que no son profesionales, nos metieran más de uno.

La eliminación traerá nuevos golpes de pecho, pero ya se sabe que los dioses futboleros regresarán en menos de una semana para ser los héroes de sus equipos. Todo se olvidará, como el 7-0, así es, así ha sido y por lo que se ve así seguirá siendo.

Posted on by Staff in Juegos Olímpicos, Quebradero Deje su comentario

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  • Periodista desde hace 30 años y contando…

    Soy egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; con estudios de licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Fui docente de la carrera de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana hasta la década de los 80.
     
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  • Escribo la columna ‘Apunte’ en el periódico deportivo Récord todos los días y tengo un espacio los sábados: ‘Convicciones’, en el que trato temas de mi segunda pasión en la vida: los deportes.
     
    En televisión, fui conductor titular de los espacios de noticias matutinas en lo que fue Imevisión y del programa de revista Solórzano 3.0 en Once TV México.
     
     

  • Obtuve en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo y he entrevistado a personalidades que van desde Mick Jagger hasta el subcomandante Marcos, pasando por políticos de todos niveles y de todos los partidos políticos.
     
    Desde julio de 2009, está en la red javiersolorzano.com, una apuesta que abre las opciones informativas en un medio nuevo con editoriales diarias vía podcast.